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La 2.0 no puede con Csikszentmihaly

13/03/2010

Acercarse a la sociedad. Este es uno de los objetivos que los museos vienen persiguiendo desde hace algunos años y que, gracias a Dios, poco a poco van consiguiendo con un aliado infalible: internet.

El Museo Nacional de Arte de Cataluña  (MNAC) anunciaba ayer  la digitalización de parte de las obras más significativas de sus fondos, concretamente 1.900 a las que, en un futuro, se sumarán 280.000 más. A través de la página web del centro, los interesados podrán acercarse hasta el museo mediante la red y ver en sus pantallas qué es lo que este centro ofrece a sus visitantes.

La decisión de la institución no resulta novedosa ya que muchos autores como, por ejemplo, Juan Carlos Rico,  Josep Ballart o Calaf Masachs, venían defendiendo desde años en sus publicaciones la gran oportunidad que a los centros de arte les brindaba la red de redes. Estableciendo una buena relación entre institución y canal, y cuidándola mediante un departamento de Comunicación con parte de su personal dedicado a ello (el paradigma sería el Victoria and Albert Museum), los museos podrían extender sus muros más allá de lo físico. Algunas instituciones como el Museo Nacional del Prado fueron más allá y llegaron a un acuerdo con el gigante Google para poder ver 14 de sus obras maestras en altísima resolución.

Sin embargo, el museo va mucho más lejos de internet. A pesar de que ésta se haya convertido en un canal inmejorable para darse a conocer, para acercarse al mundo, para mostrar al museo mucho más accesible y preocupado por lo que, en realidad, su público espera de él, las instituciones museísticas no pueden quedarse sólo en ello. Conocer unos fondos a través de una pantalla no puede, bajo ningún concepto, convertirse en una nueva forma de descubrir la oferta de esa institución. Los centros de arte deben adaptarse a la web 2.0 pero, al mismo tiempo, sus responsables de Comunicación deberán dirigir estrategias cuidadosamente diseñadas para no infravalorar la visita off-line.

Hasta el momento, y a pesar de todas sus virtudes, Internet no ha alcanzado un desarrollo tal (ni, personalmente, creo que lo haga nunca) para transmitir esa ‘experiencia museística’ de la que hablan expertos como Kotler, y que idealistas como yo relacionamos con la ‘Teoría del Flujo’ de Csikszentmihaly.

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