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Se necesita Tío Gilito

12/03/2010

¿Puede un museo autofinanciarse? La pregunta es simple y directa. Y la respuesta también: no.

Si nos circunscribimos al ámbito europeo, existen ejemplos muy claros de lo mal que estas instituciones lo han pasado en diferentes momentos de su historia, cuando los gobiernos de turno han decidido cortar el grifo.

Los museos británicos, por ejemplo, vivieron su época de horror a finales de los 80 con Miss Thatcher. La Prime dio un golpe en la mesa y dijo que se acababan los fondos públicos para las artes y las instituciones museísticas. Sin embargo, en plena situación de crisis, los centros encontraron una oportunidad a la que se agarraron firmemente, lo que les salvó de cerrar sus puertas: se convirtieron en industrias.

Con un papel esencial que jugar en la sociedad, este tipo de instituciones fueron conscientes, por primera vez, de la importancia que tenía preocuparse por sus ‘clientes’. Los visitantes comenzaban a tener valor y, debido a esto, los museos comenzaban a amoldarse a sus necesidades. Aparecieron entonces los departamentos de marketing, y se empezó a apostar por el papel educador de estos ‘templos’. A pesar de resultar una síntesis demasiado breve, en la que se dejan de lado otros aspectos que también llevaron al museo a cambiar y dejar su rigidez, es bastante explicativa del cambio que se dio.

Los museos americanos y británicos manejan unas cantidades espectaculares de dinero que obtienen gracias al fund-raising. Hasta cierto punto, es comprensible que se trata de un hábito cultural. En estos países, la donación de colecciones y de sumas ingentes de dinero (millones de dólares) por parte de grandes empresas o familias acaudaladas es el pan nuestro de cada día. La institución suele quedar eternamente agradecida y para demostrarlo (en los casos de grandes donaciones), bautiza las salas del edificio en el que se instalarán las obras con el apellido de la familia. Y claro está, desde el punto de vista social, uno recibe los aplausos de más de la mitad del Upper-East Side newyorkino.

Sin embargo, los museos públicos españoles deben afrontar una situación diferente. Las partidas cada vez son más pequeñas y deben hacer malabares para estirar estos presupuestos hasta final de año. Sin embargo, no se atreven a dar el paso de buscar financiación privada. Vistos los últimos acontecimientos a la hora de repartir los presupuestos por parte del Ministerio de Cultura, estos centros de arte tienen que comenzar a poner más empeño en la captación de fondos a través de sus departamentos de Comunicación y Marketing. O eso, o tendrán que conformarse con los cuatro duros que recibirán en sus cuentas.

La situación no es fácil pero, guste más o menos, el modelo americano de gestión de museos es el que comienza a imperar en el mundo. Sus centros se crearon imitando a los europeos pero, poco más tarde, volaron por su cuenta. Actualmente la situación ha dado un giro de 180 grados, y son los europeos los que quieren parecerse cada vez más a ellos. El museo está cambiando y, como en otras ocasiones, parece que América lleva ventaja.

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